¿ Porque usamos capucha?
Lo veo a usted de pie. Escucho la pregunta que escupe. Esos dientes relucientes. Esa lengua plagiada de dicotomias de poder. Me interroga en las peores circunstancias, como si el frio, el hambre y los golpes me hicieran cambiar la etimología de mi rabia. ¿Porque usamos capucha?. Usted conoce bien lo que el hombre es capaz de hacer cuando no tiene rostro. Cuando usa disfraz. Como el suyo. Que cree que se quita y va a besar a sus hijos. Y hasta pronuncia amor a su esposa. Después de que esa boca suya besara el coño de una prostituta. Nuestro disfraz no es la capucha. Es inverso. Queremos ser anónimos. Es nuestra alternativa lógica a su brutalidad. No tenemos rostro. Podríamos ser cualquiera. Su chofer. El barrendero que le saluda todas las mañanas. La chica que a la que le ve las piernas con mirar lascivo, todas las mañanas al bajar ella del bus. Podríamos ser cualquiera. A visto la mirada de tantas victimas. Pues le advierto. Hay mas miradas que cámaras de seguridad. Si usted me muestra la estrategia de ser mayoría. No se confunda. Somos todos. Nos cree acorralados. Durmientes y entretenidos. Pero la irá es el percutor del arma real. ¿ A que le tiene miedo?. Ahora conoce mi identidas. Papeletas, credenciales. Que poco dicen de mi. Enquistado en su prejuicio me trata con inferioridad. Confía en que ha vencido. Pero el peón y el alfil al final del juego van a la misma caja. Por que la muerte del rostro se une al anonimato. Un mundo donde la pasión no sea un maniquí. Y aquí aterida de dolor. Le restregó mi sangre. A usted pilar material de este suplicio. No podría soportar mis uñas. No puede la macana y el ideario aplastante sucumbir esta ira. De mi cuerpo hará muñones de espanto. Pero abra capuchas, mientras encarnen la lógica. A usted le impulsa su paga despiadada. A mi, el impulso básico del animal acorralado. Ya no tengo miedo. La pérdida de sangre me calma. No tema. Solo soy una chica débil. Pero mi rostro nunca lo conoció