Eres un hombre y a los hombres se los come el tiempo. Y la culpa. Hoy la casa está vacía, se han llevado mis ojos. Me he perdido también, contigo, al perderte. Y así debo vagar, comenzar a vivir como las sombras, pero ahora todo se ha vuelto vano y sin alma. Y éste, mi delito. Éste es mi delito. El destino paraliza mis miembros. Y mi corazón mudo, insensible, me vuelve igual que un niño ante la tragedia, ante la tragedia. Me atristan las flores, las aves alegres, y el vívido sol en mi lúgubre pecho frío, estéril, declina y anuncia la noche, y como muros de una cárcel, el cielo se cierne como una guadaña sobre mi frente. Y sobre mi corazón.