La sangre nos obliga a estar vivos.
El pulso primario que recorre todos los amores hasta encallar en mamá.
Oh sutil mar que nos ahoga en nosotros mismos.
Esta el cuchillo romántico que desea abrir del mar desembocar.
Y te digo amor,
tu nombre es tinta derramada de plaquetas sanguíneas.
El recuerdo de tu boca que me hizo besar tu sangre protegida de los labios.
Tu palideces y te martiriza la sangre sexual de cada mes, derramada en la locura de tu vientre otra temporada sola.
Yo en cambio se que el cristal benévolo rasgara mis vestiduras y acudirá a ti. Un rio de color interno y una risa aun que luego no lo logre.
Y sea girón, rosa desparramada en la ausencia del ayer.