La necedad

Puedo amar a la flor que cura al pavimento improvisando un matiz incalculable en la lingüística y el calculo infinistimal. Puedo amar los instantes con los amigos como fotos instantáneas de nostalgia. Ver a las escasas estrellas que crepita la noche y amar ese sentimiento universal del que hablaba el mojigato de Kant, que une al Cromañón con el homosapiens. Pero no puedo amar a esta cuchilla de lo que hoy en ignorancia llaman amor reaccionario y heteronormativo. Sin saber, sin conocer un sola ruptura que embestio al tiempo y lo desfragmentó en un abrazo. De guardar su rostro en los párpados. Esa típica historia de cuando dos ya es uno y ojalá fuera cero. El cliché mas arderoso. Más que matarse en los cigarrillos ingenuos y sus señales de humo a esa persona que te olvidara entre el smog de esta ciudad demasiado torpe para unir miradas entre calles existenciales. Si, aburre a los demás, la vieja historia de amor y fantasmas. Una simple tragedia de lo no dicho. Lo que se sepultara en mi boca que se abre como una herida, al gritar el autismo de no poder a verle desnudado los huesos. Intentar utilizar la semantica correcta para no decir que tengo miedo, de perderme, de no encontrar la salida de los ojos.