Sentí mucha pena, pena por mi, quise perdonarme, pero no pude, comprendí que hacia falta tiempo, días, horas, años. Pero en la pena tomé una navaja y sin razón alguna comencé a raspar y sacar tierra, hacer un marca, que simulaba un pozo. Tomé tu foto, lo recordé en el instante, la única que tenia, corrí por ella, no pensé en nada, los mocos me colgaban y los ojos me ardían. No sé cuanto tiempo estuve ahí, pero el hoyo era inmenso, al dejar caer tu fotografía así lo sentí. Casi que desaparecía tu nombre, tu rostro. Fue bueno enterrar a los muertos, nunca olvidaré este día, en el cual yo mismo me encargué de que no volvieras nunca más por aquí.