Esa noche empece a llorar

La noche, después de la realidad, antes del alcohol. Fue cuando comprendí sin asistir a los cursos de ontologia, que uno es otro, porque hay un minúsculo eco en ese otro. Tu vanguardia del pasado. Ahora, hoy. Con la estela de saber que no mueres. Y pululas tus maneras, tu manías, tu viables virtudes en otros espacios, a otros entes. Esa noche, una cualquiera, donde la fecha es celebridad personal. Cuando descanse, cuando el corazón dejo de agitarse, es ahora un gong de morir. Esa noche empece a llorar. Lloraba por el sol ondulando, por mi vació y la luna que estaba llena. Por los maniquís que ignoraban mis caricia. Por el sueño que despabilaba y no reparaba. Por el insomnio hijo del prozac. Menguadas horas, esperando que el dia termine y terminen las gotas, la lluvia que inunda. El desangre de la transparencia, de esta inocencia tan forzada, en un paredón, con los fusiles de los ojos. Guadalajara es ya una ciudad que me esta matando. No puedo pasar por rambla Cataluña sin sentir un cementerio. No veo alguna ruta de camión sin que traiga su historia perdida. Uno no puede subirse asi a una ruta, puede quedar atrapado con bajarse en ese sitio, que ahora solo existe en alguna caverna del cerebro, y solo lo entienden los amores imaginarios. Y no, no he dejado de llorar, que importa que adelgace mas de estos 40 kilos....que me envidie el rocio de las mañanas, que me ahogue con una gota, tu dueña de mi antiguo cielo, dime, ¿caso importa?, heredera de charco, no ya no importa. Es solo un charco y los niños lo brincaran.