Un rincón, donde dejar los huesos.
El hambre por esos días, por un instante que solo le interesa clasificar un psiquiatra.
Vaya, la caída al lugar de la carne.
La habitación madruga la soledad.
La puerta cerrada de tus ojos,
¿Que puerta?, que media entre un deseo carnal y la quietud del alma.
Es el vaho, ritual de dos bocas.
Me voy en listando solo.
Espero la universalidad de la muerte.
Esta pequeña puta que por el momento me desprecia.
Divagar, para que el tiempo perfile su precisión sobre mi cuerpo.
Escuálido, que sabe esperar la falta de respeto de la fuerza de afuera.