Por ti he venerado el celo que tiene la rosa por sus espinas. He marcado las calles con fantasmagórica esencia de cigarro. Por ti he abrazado el pan con la boca, trigo donde obsequiaste el color de tu cabellos. He confundido el tabaco con el nido de tu pubis y su matiz de vello salvaje. Por ti he sentido cualquier muro como paredón en que me fusila tu mirada descarriando la verbena de tierra por plomizo cielo. Por ti he confundido el alejamiento del sol en invierno por cada milésima que nos aleja de cuatro siglas. Y tambien por ti amor, he zurcido esa palabra a los puntos cardenales, cruz de los mejores tiempos rubricamente mal acusados. Por ti he bordeado los charcos turbios y mugrosos y he plagiado su reflejó tembloroso para mis ojos ebrios. Por ti he buscado una evasión, una rutina, un afán, topándome solo el miedo tumultuoso que acribilla las noches y deja las estrellas como ruinas de una explosión carente de sentido. Por ti, me he prostituido el sentir a precio de ninfa ignota, burdel dónde ni puta azarosa acoje esta pútrida obsesión de verte hasta en los osamentas amándose. Por ti, y solo por ti, he expulsado el amor de mi vocabulario. Aun que ahora sea olvido y lenguaje de señas, o braille a la piel de un almohada. Soledad de los ensayos de una vida en común.